La hipnosis elimina y anula el control voluntario de la persona. Ésta deviene en un autómata en manos del hipnotizador, por lo que puede cometer actos delictivos, antisociales, inmorales o que le llevan al ridículo social.
No existe ninguna evidencia de que alguien haya obrado en contra de su voluntad debido a la hipnosis. Los casos anecdóticos se explican mejor por el control social de quien supuestamente ha hipnotizado a la persona perjudicada. Bajo hipnosis no se pierde el control. La persona hipnotizada puede interferir con las sugestiones que no le agraden, controlando la situación hipnótica. Además, la autohipnosis es una estrategia de autocontrol y de afrontamiento, que fomenta que la persona aprenda a controlar sus respuestas automáticas, no involuntarias.
La hipnosis puede dejar a la persona “enganchada” en un trance, de forma que, al no poder “salir del estado hipnótico”, quedaría mermada en su volición o devendría en un demente.
El concepto de trance es descriptivo. Muchos investigadores lo han descartado por su futilidad científica, y por la evidencia experimental contraria. Nadie se queda “enganchado” en algo que no existe. Algunas personas pueden mostrar una mayor dificultad en “desipnotizarse”, similar a la dificultad que pueden experimentar con otras técnicas de relajación, imaginación o concentración. Simplemente, deja de existir esta dificultad cuando se da tiempo y buenas explicaciones.
La hipnosis provoca un “estado” similar al del sueño, en el que la persona muestra unas características especiales. Si no se alcanzan tales características, la persona no está hipnotizada.
La hipnosis no implica ninguna clase de sueño. La apariencia hipnótica habitual (relajación, ojos cerrados, etc.), sólo es una forma más de usar la sugestión hipnótica, ya que existen otras formas de hipnosis en las que se sugieren reacciones de alerta y actividad, opuestas a la pasividad o el aletargamiento (hipnosis alerta, activo-alerta y despierta).
La hipnosis provoca reacciones inusuales, excepcionales y casi mágicas en las personas.
Bajo hipnosis sólo tienen lugar aquellas cosas que también ocurren fuera de hipnosis. La persona hipnotizada, por tanto, no tiene reacciones o competencias que no posea ya en su repertorio. La hipnosis puede ayudarle a descubrir que puede hacer más de lo que la persona cree. Pero no puede proporcionar nuevas destrezas, facultades o habilidades.
La hipnosis es una terapia (hipnoterapia), sumamente útil, rápida y eficaz, que no exige ningún esfuerzo por parte del cliente para cambiar de comportamiento.
La hipnosis no es una terapia, sino una técnica adjunta o coadyuvante que facilita el resultado de una intervención. Como otras formas de usar la sugestión, puede acelerar el tratamiento, disminuyendo el esfuerzo subjetivo de la persona. No obstante, no lo elimina completamente, algo muy adecuado, ya que, normalmente, el paciente debe esforzarse e implicarse activamente en el tratamiento para obtener los beneficios perseguidos. Así, la hipnosis es única y exclusivamente una técnica y un campo de estudio, no una terapia, profesión o ciencia. NUNCA debe ser utilizada como única intervención terapéutica. Por lo tanto, no existe la profesión de hipnoterapeuta. La hipnosis es sólo una de las muchas herramientas de trabajo que el psicólogo o médico puede utilizar dentro del contexto terapéutico, si lo cree oportuno. La hipnosis no “cura” nada por sí misma, y nadie puede resolver con hipnosis aquello que no esté preparado para resolver sin hipnosis. Por ello, solamente puede aplicar hipnosis con garantís, un profesional debidamente titulado y capacitado para aquello que pretenda resolver, y siempre que esté expresamente cualificado, además, para la aplicación de las técnicas hipnóticas. Un psicólogo no puede sacar una muela porque conoce la hipnosis, ni un odontólogo puede tratar trastornos psicológicos porque sepa usar la hipnosis para aliviar el dolor de sus pacientes.
Es imposible que la persona hipnotizada mienta. Lo que se recuerda bajo hipnosis siempre es verdad.
Se pueden consolidar delirios, así como crear situaciones familiares y sociales perjudiciales basadas en información sin fundamento (como un trauma inexistente). La persona hipnotizada no revelará nada que no desee, ya que mantiene el control en todo momento, pudiendo mentir a voluntad. Además, junto con las preguntas tendenciosas, la falsa creencia de que la hipnosis puede aumentar la memoria de sucesos pasados disociados en el inconsciente, puede llevar a la creación de falsos recuerdos. La persona hipnotizada es capaz de recordar cosas correctas e incorrectas, pero aumenta su confianza en que lo que recuerda es cierto, aunque no lo sea. Es probable que no pueda distinguir un recuerdo falso de uno real.
Las personas más hipnotizables son las menos inteligentes, simples o débiles mentales.
Poco tiene que ver la hipnotizabilidad con la inteligencia, hasta el punto que estas dos variables no correlacionan en absoluto entre sí.
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